Paraiso Perdido.
Aun adolecente, con el futuro infinito por delante recuerdo andar con mi primer amor y escuchar a lo lejos una canción. Esta cancion no era comun, ya que era una de nuestras canciones (como todo adolecente latino enamorado que le dedica el sol, la luna y las estrellas a su pareja). Ingenuamente nos abrazamos y dijimos que era seguramente una señal del destino de que nuestro amor nunca encontrarÃa fin y que no importase que pasase el tiempo y que estuviesemos lejos aun asi nos encontrariamos nuevamente. Esa noche nos besamos y nos reimos del mundo y de como la gente no encuentra lo que busca, pero como nosotros si lo encontramos. Nos sentimos por encima del mundo.
Cuando escucho esa cancion aun pienso en ese momento… pero extrañamente, ese momento me lleva a otro. Al momento en que unos dias mas tarde nos cogio la lluvia en medio de la noche y en vano buscamos refugio del agua y el frio. Yo temblando sintiendo que moria, con un temblor de esos que rompen los huesos y con mi amor encima de mi, calentandome y llorando porque pensaba que yo fallecia. Recuerdo entonces reir incontrolablemente porque senti ese amor infinito que sana todo malestar y toda herida. Realmente no me importaba morir porque sentia que habia alcanzado lo que todo ser humano añora.
Desafortunadamente, el tiempo no se congela como en las peliculas, y al final de cada acto, empieza uno nuevo con conflictos que separan a los hombres como particulas subatomicas por el tiempo y el espacio (pura prueba de que la perfección no se pesca ni se atrapa). Asi que, como pueden imaginar, despues de este amor he tenido otros. Aun asi no lo siento perdido. Momentos de intensa emocion, ingenuidad y pasion siempre se quedan y se disfrutan a lo maximo cuando no se teme a las consecuencias. Momentos inmortales que mediante ondas auditivas se reconectan con las neuronas enpolvadas y regresan a ti como dice Sylvia, como una “triste caravana de recuerdos”.
Las lagrimas que esta noche derramo, las derramo en honor a todo aquel que en mis brazos lloro por mi: por la emocion de quererme, por la decepcion de no quererme, y por la agonia de nuestra triste despedida.

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